La ejecuté en un cuarto de hotel

Llegué a un sórdido cuarto de hotel, aparentemente estaba sin compañía. De repente sentí su mirada, estaba ahí, al lado de mi cama, su pequeña coraza brillaba como si estuviera echa de charol café. Nadie la había invitado, así que la ejecuté. Habría sido muy sencillo aplastarla, pero no, preferí hacerlo al estilo michoacano, le corté la cabeza y le puse una nota, en lo que supuse era su pecho, en letras diminutas se podía leer: “para que no te metas donde no te llaman y no andes echando esas miradas lascivas a mujeres inocentes y solas como yo”.

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