Yolita


El diablo se metió en tu casa y tu cuerpo quedó bajo la tierra, una corte de gusanos acompañó tu alma al cielo. ¡Ay, Yolita! , todavía tengo frente a mí tu rostro corrugado y de ojos tristes, de esos que están tristes por adelantado o por lo que ya pasó, pero que definitivamente no son tristes en el presente, porque en el presente donde te miro sonríes y eres buena y tienes tus peces en una pileta grande y tu cocina está llena de cucarachas que son la abundancia infinita del trabajo que haces tras la cortina misteriosa de maga, ofreces remedios que curan a todos, menos a ti. Yolita, te vi tan poco, los recuerdos son vagos, pero la dulzura es nítida y todavía puedo escuchar como me llamas, siento el frío de los pasillos de tu casa en mi piel de niña menuda y puedo oler la mañana fría y el café y sentir la nata con bolillo en la boca. Michoacán tiene sabor a ti, Yolis, a mis ancestros, a mis papás juntos como en un sueño, a mi abuela siendo simpática y feliz, a mí con todo eso, sonriendo. Y no te olvido, Yolis, como tampoco olvido esos pocos días.

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